De erotismo y otros demonios

Orgasmos en la piel

Orgasmos en la piel

“Tu piel tiene tanta fuerza, que aún en la distancia toca mi memoria”
Ulises Sánchez

Una cita, un lugar, estamos solos… ese soñado encuentro va a comenzar. Empiezan los besos, las caricias, esas mágicas caricias que son el preámbulo a ese momento de pasión…

Pero, ¿por qué solo dejarlo en preámbulo? ¿Por qué no hacer de esos momentos de caricias, todo un ritual que pueda llevarnos al orgasmo?

Uno de los placeres más importantes que podemos experimentar, son las sensaciones que nuestra piel nos puede regalar. Es una de las experiencias eróticas más intensas que podemos sentir. Sin embargo, aún y cuando la mayoría sabemos eso, le dedicamos muy poco tiempo a esta experiencia, en búsqueda de “mayores sensaciones” al dirigirnos con rapidez a las zonas erógenas o más específicamente a las zonas genitales.

Pero empecemos por definir una experiencia erótica, para que nos vaya quedando más claro esto. Una experiencia erótica es el amor sensual, aquel que deleita los sentidos y los satisface, y nos permite sentir deseo, excitación y orgasmo. En general una experiencia erótica nos proporciona una gran cantidad de placer.

Y aún y con esto, es una pena escuchar cuantas veces las caricias solo duran unos instantes y posteriormente nos dirigimos a la zona genital. Realmente pocas personas se dedican a la exploración de la piel como uno de los órganos sexuales más importantes, y de hecho el más grande que tenemos. La piel es la responsable de darnos grandes niveles de placer y la forma en la que es acariciada, puede hacer que una misma zona genere unas sensaciones y otras depende de la caricia recibida.

A través de la piel nos conocemos a nosotros mismos y conocemos a la o el otro con el que estamos compartiendo el encuentro sexual. Y no solo es importante como parte del juego sexual, sino como un contacto que nos proporcionará altos niveles de excitación y placer y hasta ¡orgasmos!. Si, la piel tiene la capacidad de producir orgasmos ya que cuenta con una gran cantidad de terminaciones nerviosas y sensoriales, que puede producir tantas y tantas sensaciones.

Existen investigaciones en que han encontrado que la piel puede producir orgasmos al escuchar música, y entonces ¿porque no habría de sentirlos cuando recibe contactos placenteros?

Es importante comprender que no debemos enfocar nuestro encuentro sexual solo en la zona genital o en las zonas erógenas (oídos, cuello, pechos, etc.). La piel es el órgano sexual más extenso de nuestro cuerpo, al cubrir cada rincón del mismo, y al estar lleno de terminaciones nerviosas puede darnos gran placer.

La piel es nuestra carta de presentación a los demás, tiene un olor característico, único para cada uno de nosotros, y guarda la memoria de toda nuestra vida, tanto la física como la emocional. Muestra nuestro estilo de vida, nuestra personalidad, nuestro nivel de estrés. La piel tiene tanto que decirnos, y tanto que regalarnos. Muchas personas desconocen las sensaciones de su piel, hace mucho que no son conscientes de ella, no escuchan lo que su piel necesita, han abandonado la preciosa envoltura que tenemos. Y es una pena, porque ahí está, estamos vivos, y por lo tanto sentimos. En la piel está la memoria de nuestra vida y ahí mismo podemos seguir grabando más y más.

La piel posee uno de nuestros cinco sentidos, el tacto, que está formado por más de 600 mil receptores de sensaciones. ¿De verdad creemos que estimularemos esos receptores al dedicarle solo unos minutos a las caricias? Hagamos de el acariciarnos todo un ritual, desde comenzar el encuentro, durante el mismo, después de que suceda….. ¡No dejemos de acariciarnos!

En cuanto a las caricias a la piel no hay guion, ni nadie puede mostrarnos nuestras zonas de placer, eso requiere de todo un proceso de autoconocimiento, que nos dediquemos un espacio íntimo para conocernos a nosotros mismos. Y también dediquemos tiempo a conocer y experimentar diversas formas de acariciarnos, todo el tiempo que queramos y necesitemos.

El contacto piel con piel provoca la producción de la hormona oxitocina y ayuda a producir endorfinas, ambas sustancias que van a ayudarnos a sentir placer. Además, la estimulación de la piel incrementa la sudoración, lo que ayuda a liberar nuestras esencias naturales o feromonas que incrementan la excitación sexual. Las caricias en las zonas de vello corporal ayudan a estimular los nervios táctiles o las fibras de placer. Si acariciamos los brazos y la nuca se activará el sistema nervioso que induce a la relajación total de cuerpo, y ¡no dejemos de acariciar la espalda!

Hay que realizar una exploración total corporal, con los dedos, o con la lengua, con la boca, o solamente acercando nuestra cara para respirar la piel, o solo soplarla ligeramente. Atrevámonos a chupar, lamer, besar, tocar cada rincón del cuerpo. Que no quede un centímetro sin explorar. Realicemos un masaje en la cara, en la espalda, para aumentar el flujo sanguíneo y estimular la sensibilidad cutánea. Demos pequeños roces, palmadas, caricias, masajes, presiones, mordiditas, añadiendo cambios de textura y temperatura. Podemos recorrer la piel con un hielo, o una seda suave, variar la velocidad y las zonas de la piel que se tocan. No seamos tímidos al acariciar y no nos preocupemos por sentir cosquillitas. Y si a esto le agregamos música, tener los ojos vendados, estaremos mucho más conscientes de incrementar las sensaciones de nuestra piel.

Estas sensaciones que la piel produce puede ser tan intensas que puede producir micro orgasmos a cada roce de la misma, y creo que no hay sensación más placentera que sentir la tibieza de una piel, como se erizan todos los pequeños vellos del cuerpo. Así que tanto recibir las caricias como proporcionarlas, dan placer. Y esto además ayuda a llevar la excitación sexual a su punto más alto lo que favorecerá la expresión orgásmica genital.

Recuerda, cada piel tiene su propia identidad. Algunas personas reaccionan a soplos, mientras otras necesitan presiones con mayor fuerza. No esperemos que lo que le agrada a persona le va a agradar a otra. En realidad, los estímulos deben de ser variables para que se generen diferentes expectativas y por lo tanto diferentes sensaciones nuevas e impredecibles y eso como resultado llevara a continuas descargas de placer. Si convertimos eso de acariciarnos como un acto rutinario, se dejará de percibir tan placentero, como si variamos fuerza, presión, velocidad, etc.

Pero, ¿cómo sé que estoy experimentando un orgasmo en la piel?

Yo tendría que decir que es algo que es inconfundible, pero, creo que le hemos restado tanta importancia el contacto con la piel que tal vez si es importante comentarlo. Los orgasmos de piel, hacen que ésta se erice, “se ponga chinita”, den escalofríos. Se sientan “oleadas de sensaciones placenteras” desde muy pequeñas y vamos sintiendo como se incrementan. Se experimentan temblores, sudoración, rubor y calor en la piel, y un gran nivel de excitación sexual, el corazón se acelera y la piel completa empieza a vibrar. Dando sensaciones tan largas como se siga la estimulación, o pequeñas, cortas, pero continuas.

Las relaciones sexuales actualmente han perdido de este preámbulo, que insisto, no debería de ser considerado así… Acariciarnos debería ser una parte fundamental de tener relaciones sexuales, coger, follar, o hacer el amor. No nos perdamos de esta maravillosa experiencia orgásmica. Se trata de sumar placer, no de restar y menos de privarnos de placer.

“Pero sucede también, que sin saber cómo ni cuándo algo te eriza la piel y te rescata del naufragio”.
Ismael Serrano

Prudence #PonteCondon

Ana Laura Rosas Bucio

Amante, intensa, libre y apasionada de la vida. Una soñadora insaciable, no ordinaria, con mucha locura, sin tiempo para cosas que no estén llenas de pasión.

Psicoterapeuta y Sexóloga, comprometida con la salud, el placer y el bienestar de los seres humanos. Directora General de CECAPIP S.C.